sábado, 12 de septiembre de 2015

Al encuentro de la niebla en el Dorotea.


  Cuando vez un monstruo de niebla aproximándose, no puedes dejar de ir a su encuentro. Es tan grande todo que puedes ver como cambian los colores, sus limites suele definirse con gran presicion y puedes ver algo así como una ameba gigante, un organismo mitológico.  


 La ves, y sabes que apoco andar estarás en su interior... Caminando desde nuestro futuro Lodge, solo en 15 minutos estas entrando en el bosque. La humedad lo convierte en foresta fantasma. Si te quedas en silencio puedes oír el rechinar de troncos, aves de diferentes especies avisar tu presencia. 


  Eres testigo de como la bestia engulle los colores y los transforma en sombras espectrales. Te envuelve rápidamente. 20 metros, 15, 10... Y no hay donde escapar. Resulta emocionante verse rodeado de un organismo tan espeso. Casi se puede sentir el peso, el contacto con un aire diferente. 


 Un mundo diferente... Las probabilidades de encontrarse con otra persona en ese lugar es cercana a cero, así que si una figura se te acerca desde la oscuridad podría convertirse en una vivencia surrealista.


 A 20 metros solo distingues sombras y bultos. La gran roca del Dorotea se presiente a lo lejos. Una sombra de un coloso asechando entre la humedad.


Da la impresión de que guardias insectos te salen al paso. Confieso que el tener dos perros de compañeros me tranquiliza bastante. Recordemos que es terreno rico en zorros, chinges, liebres y varias decenas de aves grandes y pequeñas.
 Y cuando logras subir por sobre las nubes, puedes ver al monstruo desde lo alto. El cielo se abre y el Doretea se presenta en todo su esplendor. Y surgen los cóndores majestuosos...


 Águilas se acercan y parecen investigar...


 Planeando en las altas cumbres, el numero de cóndores se hacen  cada minuto mayor. 6 cóndores y 4 águilas... Una experiencia grandiosa.


 Mis compañeros siguen mis pasos... La hembra Pastor Alemán... Machi. No importa lo escarpado del terreno, los perros son una gran compañía. Suelen perder la cabeza y no pueden evitar correr tras un conejo o alguna liebre. Nunca los he visto atrapar algo.


 Y el solitario Patton. Este es historia a parte. A veces lo agarra unas emociones de gallina y no es capaz de cruzar una grieta de pocos centímetros. 


 La niebla ingresa al valle como siguiendo el cursos de un gigantesco río. Simplemente es mejor sentarse en silencio y limitarse a mirar.


 Un enorme ser que se mueve silenciosamente...Resulta increíble lo definido de sus fornas.


 Y al bajar Patton insiste en quedarse... No quería moverse, mas de una ocasión regresé para ver si tenía problemas, pero no. Simplemente no quería bajar. 



  Eramos tres... Solo bajamos 2. El Patton tiene un serio complejo de rey león... 



Desde que salí de casa, hasta esta ultima foto de Patton sobre la gran roca del Dorotea pasó un par de horas. Muy buen tiempo...













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